Esta vez no preparé a la novia, sino a la madrina. María es la hermana del novio, y le hacía muchísima ilusión ese papel, porque sabía la importancia que tiene acompañar a su hermano ese día. Lo que no quería era verse con el look típico de madrina, que suele estar pensado para una señora algo mayor que ella.

Por eso se buscó un equilibrio entre la sobriedad que suele llevar una madrina y la juventud que María tiene de verdad. No hubo prueba: todo se hizo la misma mañana de la boda, en su casa, y se empezó relativamente temprano. El maquillaje se pensó minimalista, limpio y sin excesos, con la piel con aspecto de piel, un rubor suave en las mejillas y un labio rosado. El acabado fue muy natural, y aun así se la veía muy realzada.

María por la mañana, recién maquillada y peinada, con el pelo recogido hacia atrás antes de vestirse

Para el peinado, María quería algo muy orgánico, con movimiento y nada estático. Por la mañana, recién peinada y todavía sin vestir, llevaba el pelo recogido hacia atrás en un semirrecogido. La idea era que se fuera soltando a lo largo del día y que le cayeran algunos mechones sobre la cara, porque eso le daba el aire joven que buscaba.

El vestido lo diseñó para ella Ángel Palazuelos, un diseñador exquisito de Málaga y un auténtico maestro de la costura. Era de un granate casi frambuesa, en un tejido con textura y los bordes deshilachados, con el cuerpo ajustado y una falda larga con mucho vuelo. El vestido consiguió el mismo equilibrio entre sobriedad y juventud que se buscaba con el peinado y el maquillaje.

La boda se celebró en Cortijo Curiel, en Antequera, uno de los cortijos más bonitos del interior de Málaga. Las fotos de la tarde están hechas en su gran explanada de césped, con los olivos y el pinar de la colina al fondo.

María de cuerpo entero en el césped de Cortijo Curiel, con su vestido granate y un bolso mostaza
María en la hora dorada, con la falda larga del vestido y el pinar de Cortijo Curiel al fondo

Esas fotos son de la hora dorada, al final de la tarde, muchas horas después de terminar en su casa. El vestido, el maquillaje y el peinado seguían perfectos, y el semirrecogido había hecho justo lo que María quería: se había soltado lo justo y le caían algunos mechones sobre la cara. Entre el diseño, el peinado y el maquillaje, el conjunto fue un acierto.